domingo, 28 de diciembre de 2014

Cantar del Mio Cid

CANTAR I


1.

De los sos ojos tan fuerte mientre lorando
tornava la cabeça y estava los catando.
Vio puertas abiertas e uços sin cañados,
alcandaras vazias sin pielles e sin mantos
e sin falcones e sin adtores mudados.

Sospiro mio Çid ca mucho avie grandes cuidados.
Ffablo mio Çid bien e tan mesurado:
"¡Grado a ti, Sennor, Padre que estas en alto!
¡Esto me an buelto mios enemigos malos!"
Alli pienssan de aguijar, alli sueltan las riendas.



2

A la exida de Bivar ovieron la corneja diestra
y entrando a Burgos ovieron la siniestra.
Meçio mio Çid los ombros y engrameo la tiesta:
"¡Albriçia, Albar Ffañez, ca echados somos de tierra!"

3

Mio Çid Ruy Diaz por Burgos entrava,
en su compaña lx. pendones levava.
Exien lo ver mugieres e varones,
burgeses e burgesas por las finiestras son,
plorando de los ojos tanto avien el dolor.
De las sus bocas todos dizian una razon:
"¡Dios, que buen vassalo! ¡Si oviesse buen señor!"

sábado, 20 de diciembre de 2014

Amadís de Gaula. (Garci Rodríguez de Montalvo)

LIBRO PRIMERO

Capítulo 1

Cómo la infanta Elisena y su doncella Darioleta fueron a la cámara donde el rey Perión estaba.

Como la gente fue sosegada, Darioleta se levantó y tomó a Elisena así desnuda como en su lecho estaba, solamente la camisa y cubierta de un manto, y salieron ambas a la huerta y la luna hacía muy clara. La doncella miró a su señora y abriéndole el manto católe el cuerpo y díjole riendo: 
—Señora, en buena hora nació el caballero que os esta noche habrá.
Y bien decía, que ésta era la más hermosa doncella de rostro y de cuerpo que entonces se sabía. Elisena se sonrió y dijo: 
—Así lo podéis por mi decir, que nací en buena ventura en ser llegada a tal caballero.

Así llegaron a la puerta de la cámara. Y comoquiera que Elisena fuese a la cosa que en el mundo más amaba, tremíale todo el cuerpo y la palabra, que no podía hablar, y como en la puerta tocaron para abrir, el rey Perión, que así con la gran congoja que en su corazón tenía, como con la esperanza en que la doncella le puso no había podido dormir, y aquella sazón ya cansado, y del sueño vencido adormecióse y soñaba que entraba en aquella cámara por una falsa puerta y no sabía quién a él iba y le metía las manos por los costados y sacándole el corazón le echaba en un río, y él decía: 
—¿Por qué hicisteis tal crudeza?.
—No es nada esto —decía él—, que allá os queda otro corazón que yo os tomaré, aunque no será por mi voluntad.
El rey, que gran cuita en sí tenía, despertó despavorido y comenzóse a santiguar. A esta sazón habían ya las doncellas la puerta abierto y entraban por ella y como lo sintió temióse de traición por lo que soñara, y levantando la cabeza vio por entre las cortinas abierta la puerta, de lo que él nada no sabía, y con la luna que por ella entraba vio el bulto de las doncellas. Así que saltando de la cama do yacía tomó su espada y escudo y fue contra aquella parte do visto les había. Y Darioleta, cuando así lo vio, díjole: 
—¿Qué es esto, señor?, tirad vuestras armas que contra nos poca defensa nos tendrá.
El rey, que la conoció, miró y vio a Elisena su muy amada y echando la espada y su escudo en tierra cubrióse de un manto que ante la cama tenía con que algunas veces se levantaba y fue a tomar a su señora entre los brazos y ella le abrazó como aquél que más que a sí amaba. Darioleta le dijo: 
—Quedad, señora, con ese caballero que aunque vos como doncella hasta aquí de muchos os defendisteis y él asimismo de otras se defendió, no bastaron vuestras fuerzas para os defender el uno del otro.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Libro del Caballero Zifar.

  (...). «Ciertas», dijo Roboán, «así lo quiera, ca lo que Dios comienza nos por acabado lo debemos tener; ca Él nunca comenzó a hacer merced así como vos veis; no hay caso por que debemos dudar que Él no lleve y dé cima a todos; y por amor de Dios os pido, señor, por merced, que me queráis perdonar y enviar y que no me detengáis, ca el corazón me da que muy aína oiréis nuevas de mí». «Ciertas», dijo el Rey, «hijo, no me detendré, mas bien es que lo será tu madre, ca cierto soy que tomará en ello gran pesar». «Señor», dijo Roboán, «conhortadla vos con vuestras buenas palabras, así como soy cierto que lo sabréis hacer, y sacadla de pesar y traedla a placer». «Ciertas», dijo el Rey, «así lo haré cuanto yo pudiere; ca mi voluntad es que hagas lo que pusiste en tu corazón, ca creo que buen propósito de honra es que demandas, y cierto soy que, si bien lo siguieres y no te enojares, que acabarás tu demanda con la merced de Dios; ca todo hombre que alguna cosa quiere acabar, tan bien en honra como en al que hacerse puede, habiendo con qué seguirla, y fuere en pos ella y no se enojare, acabarla ha ciertamente. Y por ende dicen que aquel que es guiado a quien Dios quiere guiar».
Y luego el Rey envió por la Reina que viniese y donde ellos estaban, y ella fue y venida luego, y asentose en una silla luego que estaba en par del Rey, y el Rey le dijo: «Reina, yo he estado con vuestros hijos así como buen maestro con los discípulos que ama y ha sabor de enseñarlos y aconsejarlos y castigarlos porque siempre hiciesen lo mejor y más a su honra. Y en cuanto he yo en ellos enmendado, como buenos discípulos que han sabor de bien hacer, aprendieron su lección, y creo que si hombres hubiese en el mundo que obraren bien de costumbres y de caballerías, que estos serán de los mejores. Y Reina, decíroslo he en qué lo entiendo; porque Roboán, que es el menor, así paró mientes en las cosas y en los castigos que yo les daba, y así los guardaban en el arca del su corazón, que no se puede detener que no pidiese merced que le hiciese algo, que le diese trescientos caballeros con que fuese probar el mundo y ganar honra; ca el corazón le daba que ganaría honra así como nos, con la merced de Dios, o por ventura mayor». Y ciertas, bien así como lo dijo, así me vino a corazón que podía ser verdad. Y Reina, véngaseos en mente que antes que saliésemos de nuestra tierra os dije el propósito en que yo estaba, y que quería seguir lo que había comenzado, y que no lo dijésemos a ninguno ca nos lo tendrían a locura. Y vos respondístesme así: que si locura o cordura, que luego me lo oyerais decir, os subió al corazón que podría ser verdad, y aconsejástesme así: que saliésemos luego de la nuestra tierra; e hicímoslo así, y Dios por la su gran merced, después de grandes pesares y trabajos, guiemos y endrecemos así como veis. Y ciertas, Reina, eso mismo podría acaecer en el propósito de Roboán».